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Los subterráneos

Manuel Praena. Foto: Montemayor Mora

Por Manuel Praena 

Los subterráneos, de Jack Kerouac (1958) Grove Press.

Jack Kerouac es conocido y reconocido por su creación En el camino (1957), que reflejó las ansias de libertad de toda una generación. Como compañeros de experiencia también se encuentran Allen Ginsberg y William Burroughs, entre otros muchos. En el camino, representa una modalidad nueva de expresión literaria basada en la experiencia de la aventura, lo incierto y la carretera, a la que se llamó también prosa espontánea. Todo ello acompañado por infinidad de drogas, sexo, alcohol y el jazz.

Kerouac, Ginsberg y Burroughs en el techo del departamento de Ginberg, Lower East Side, Manhattan, 1953

Kerouac, Ginsberg y Burroughs en el techo del departamento de Ginberg, Lower East Side, Manhattan, 1953

El autor se mostró siempre como un total entregado al Jazz y en concreto al Bebop. El estilo desarrollado por Kerouac estuvo muy influenciado por el Jazz, sobre todo por la corriente encabezada por Charlie Parker, Thelonious Monk o Dizzy Gillespie, entre otros. Aunque la prosa de Kerouac fue espontánea y, se supone, sin ediciones, escribió sobre todo textos autobiográficos inspirados en situaciones de su propia existencia y de los amigos y conocidos.

Es muy fácil encontrar referencias al Jazz en su obra, pero he escogido esta publicación que muchos consideran la continuidad madura de En el camino.

En Los subterráneos queda clara su inclinación por plasmar una pseudo autobiografía figurada que, sin remedio, lograba al tiempo una particular radiografía de la generación Beat. En este caso, casi todo es un relato testimonial construido con su particular estilo improvisado, que el propio autor maduró oyendo en diversos clubs de Nueva York a las estrellas del Bop. A remedo de Charlie Parker, Kerouac asalta en escalas sincopadas cada tema elegido y las plasma de la forma más maleable, ciñéndose siempre en cada capítulo a los sonidos que le rodean y aplicando esas variaciones a cada momento.

La historia narrada transcurre en San Francisco, ciudad a la que el autor llega sobre 1953 antes de ser reconocido por crítica y lectores. Dibuja un panorama que transita del día a la noche sin fin, impregnado por el jazz, el alcohol y las drogas, empapado en un delirio marcado por una desesperación existencial que da paso a sueños y esperanzas del todo descabelladas, e inmerso en una historia trepidante de amores desquiciados. En ella se dan cita el perfil de un escritor, Leo Percepied, sin duda un nuevo alter ego del propio Kerouac, y una mujer negra, Mardou Fox, «el ángel negro, desesperado y sombrío, de este mundo subterráneo de Frisco».

Cartel de la película

Igual que en el resto de su obra, el Jazz aparece aquí en primer plano de una forma omnipresente convertido en religión. El Bebop se centra en la rapidez y la improvisación, y pone en primer plano a Charlie Parker Bird por el que Kerouac sentía veneración. Su muerte en 1955 lo condujo a una frustración tremenda. Igual que el Bebop, Los subterráneos es veloz e improvisada y se desarrolla al tiempo que su estado de ánimo está sumido en momentos muy adversos, ya que el autor acababa de perder a su auténtico amor.

«Fuimos al Red Drum a oír un poco de jazz. Esa noche estaba Charlie Parker con Honduras Jones a la batería y otros personajes interesantes, probablemente estaba también Roger Beiloit, con quien ahora deseaba encontrarme; y ese entusiasmo del bob tierno y nocturno de San Francisco en el aire, pero ahora en el fresco y dulce y descansado North Beach; fue así como desde la casa de Adam en Telegraph Hill bajamos corriendo por la calle blanca bajo los faroles, corrimos, saltamos, mostramos nuestras habilidades, nos divertimos, nos sentíamos dichosos, algo palpitaba, y me gustaba que ella pudiera caminar  tan rápido como nosotros, una belleza pequeña, delgada y vigorosa con la cual uno podía pasear por la calle, y tan llamativa que todos se volvían para mirarla y para mirarnos. Adam extraño y barbudo, la morena Mardou con esos pantalones raros y yo, corpulento, facineroso y feliz»

Fragmento de Los subterráneos.

Ya en las páginas finales de En el Camino, se puede apreciar que los protagonistas se han hecho mayores y sus continuos lances amorosos o aventureros comienzan a declinar, dejando de ser inspiradores y vertiginosos, apreciándose el declive de su alter ego en la novela, Dean Moriarty. En esta obra, que se alza como una auténtica «Biblia» de la generación Beat, se dibuja una balada desgarradora dedicada a la esperanza y el idealismo. La búsqueda a través de las palabras enloquecidas y desbordantes del que en ese momento se sentía profeta y faro de todo un movimiento emergente y a todas luces desesperado.

Jack Kerouac by Tom Palumbo from New York USA

Por lo que en Los subterráneos el escritor se vuelve a retratar, rodeado de hípsters y otras tribus, y no lo hace como un ser tocado por la virtud y en nada envidiable a excepción del momento creativo donde despliega recursos que apuntan a una situación del todo desesperada. Se plasma como es, enumerando una serie de defectos que en ningún momento trata de esconder o disimular. En su romance con Mardou Fox, Leo Percepied transitará por todos los estadios donde se muestra como en realidad era en la vida cotidiana, sin escondites, ni artificios. Mardou Fox es una mujer que le deslumbra, es críptica, posee un bagaje intelectual amplio y, en contra de sus anteriores personajes femeninos, conoce y domina términos exactos sobre música. Aunque tiene un detalle en contra; es negra y, aunque le fascina el Jazz, es complicada, emocionalmente inestable, asiste periódicamente a consultas de especialistas, es muy desordenada y lo peor, le cae mal a su madre. Las diferencias raciales, que parecen en un principio haber sido superadas, se muestran simplemente como algo exótico, como una etapa que puede quedar bien, aunque no de forma definitiva.

«Hoy o mañana, sencillamente, me iré de aquí y me conseguiré alguna otra, blanca, con los muslos blancos, etcétera, y todo esto habrá sido una gran pasión, aunque espero, sin embargo, no causarle sufrimientos».

Fragmento de Los subterráneos.

Los subterráneos se llevó al cine con el mismo nombre, pero con escasa repercusión y acierto, salvo una excelente banda sonora que se plasmaría en un trabajo firmado por Gerry Mulligan, André Previn y Carmen McRae. El filme fue protagonizado por George Peppard, que interpretó a Leo, y Leslie Caron en el papel de Mardou Fox. La Industria no se atrevió a elegir una actriz negra, tan solo una rubia francesa y que tampoco logró entenderse con el escritor Leo Percepied.

Jack Kerouac entraría a partir de esos años en diversas contradicciones, casi todas sobrevenidas por el advenimiento del triunfo y la fama. Los subterráneos fue publicada un año después de En el camino, cuando ya Estados Unidos era consciente de la existencia de los beats, su éxito arrollador se tornara en influencia en los jóvenes y el concepto, como es habitual, degenerara con rapidez.

Aunque el beat transitó hacia el marco del movimiento contracultural, empapado en tendencia y modo de vida que todo lo que surcaba, llevaría al nacimiento de lo Beatnik. La idiosincrasia y el modo de vida de Kerouac llegaron demasiado rápido al vulgo y el dominio público. Ello lo expuso a un desgaste prematuro al margen de los resultados económicos, que al final no fueron tan importantes como parecían. Al tiempo que su obra disfrutaba de una divulgación exponencial, el propio autor comenzó un declive personal que le convirtió en un ser huraño e introvertido, dando la espalda a aspectos palpables como su influencia en los medios de comunicación de masas e incluso en la música, con Bob Dylan como exponente. Ya nada de eso le importaba.

Y así como su estilo de vida se iba contaminando del exceso de mestizaje propio del tiempo que le tocaba vivir, en la música se notaba el desembarco masivo de otras tendencias. El Rock & Roll arrinconó al Jazz y le arrebató el cetro de la música de los jóvenes. La vida subterránea, que en un momento determinado era solo una elección vital, se convertiría en un paso a otro nivel de connotaciones intelectuales y retóricas, empujado por el inevitable paso del tiempo.

«Es posible que nuestra prosa no se recobre jamás de lo que le ha hecho Jack Kerouac. Amante apasionado del lenguaje, sabe cómo utilizarlo. Siendo un virtuoso nato, disfruta desafiando las leyes y los convencionalismos de la expresión literaria que estorban la auténtica comunicas, sin trabas entre el lector y el escritor.

Deja que hablen los poetas. Puede que sean beat, pero como mínimo no montan a caballo de un monstruo cargado de energía atómica. Creedme; no hay nada limpio, nada saludable, nada prometedor en esta época de prodigios; nada, excepto seguir contando lo que pasa. Kerouac y otros como él serán probablemente los que tengan la última palabra».

Fragmentos del prólogo a la edición del 1958 de Los subterráneos de Henry Miller.

Sin duda una lectura indispensable para enmarcar el contexto de su generación.

M. Praena

A modo de Banda sonora:

https://open.spotify.com/intl-es/album/1C432E35JiNHbD9dAcgOvS
Stan Kenton

https://open.spotify.com/intl-es/album/6jF67GE8Col8R3C690pSlK
BSO. Los Subterráneos: Film Dir. Ranald MacDougall. 1960 (MGM)
André Previn, Jerry Mulligan, Carmen McRae

https://open.spotify.com/intl-es/track/6SsERC37W1RowmO3qTe4X7
Charlie Parker

https://www.youtube.com/watch?v=kj2pDaf5hYk
Charlie Parker

https://open.spotify.com/intl-es/track/2TZeIQBS7m2OUA8MS7TIVM
Steve Allen con la voz Jack Kerouac. Charlie Parker.