Ángeles Guindel

Escribo cuentos desde siempre —y desde siempre es desde que sé escribir—, y lo hago porque es una forma de vomitar lo que me sobra, que unas veces son restos de empachos buenos y otras, las que más, experiencias indigestas.
¿Premios?: Cero, pero como con mi grupo sanguíneo (0+) en positivo, ya que no tengo ni miedo, ni vergüenza, y si algo me sobra son ganas y tiempo para escribir. Pienso en la edad en la que publicaron la escritora Toni Morrison (43), Annie Proulx (57), o la gran Harriett Doerr (con 74 años), y me digo: «Tranquila, que no vas de las últimas para hablar de tus moscas»; porque de eso escribo: de experiencias indigestas en cuentos donde las moscas a menudo aparecen para decir algo importante.
Mi relación con esta editorial, COLEMAN Ediciones, es sentimental, que es la razón por la que me muevo y cierro acuerdos vitales; así que, si el sentimiento es mutuo, mis moscas y yo, con casi total seguridad, publicaremos aquí nuestro primer libro.

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